miércoles, 24 de agosto de 2011

Desalojo

Muchas veces por la mañana cuando me encuentro en la oficina y miro hacia afuera, por la gran vidriera soleada, me dan muchas ganas de estar en mi patio, con mis perras, jugando, tomando un mate, barriendo, cualquier cosa antes que estar aquí entre papeles y problemas ajenos, llamadas de reclamos y apuros innecesarios. Hoy más que nunca esta secuencia me ocurrió repetidamente. Es invierno y las mañanas en esta época del año no suelen ser agradables a la intemperie, pero hoy hay un sol precioso que brinda su calor a quien lo sabe apreciar, me imagino en el rincón de siempre, con una silla plástica al lado de la canilla, en la otra silla sentado, el mate, como aquel compañero que hace cuerpo y me acompaña en ese espacio y en tantos otros.
Sufrí todo ese día por no poder hacer lo que quería, o mas bien por desear lo que no puedo a sabiendas, la gente como yo, sin coraje, no puede desear los martes por las mañanas o los jueves por las tardes, solo debe conformarse con aquellos momentos fuera del horario de trabajo. Una vez más volví a pensar cuanto pierdo por ganar, cuanto me alejo de mí por incluirme en espacios que muchas veces ni los disfruto, pero sigo sin valor para cambiarlo.
Se hizo la hora de marchar, apago la compu, acomodo algunos papeles y me voy luego de saludar a los últimos que van quedando, lo de todos los días, rutina le llaman. Ya no tengo apuros por llegar porque el sol se fue por completo, ahora esta haciendo frío, y a esta hora ya tengo otros compromisos por lo que tampoco puedo disfrutar del patio y todo lo anterior, ya no lo pienso, no puedo flagelarme mas de una vez por día, no tiene sentido castigarme tanto.
Estoy llegando al barrio, solo me separan de la puerta de mi casa dos cuadras de tierra, duras y empedradas, las recorro y cuando giro en la ultima veo un camión parado justo delante de mi casa, con algunas cosas mías dentro, un mueble viejo, un colchón y ya no pude ver mas, se me nublo la vista, no entendía que pasaba, un robo a plena luz del día, con todos los vecinos mirando? No podía ser, algo raro pasaba. Estacione el auto, si se puede decir que estacione por que lo deje en la mitad de la calle, y corrí hacia adentro, no podía creer lo que estaba viendo, eran perros, si perros!!
Uno con una gorra y lentes, sentado en mi silla le tomaba declaración a mis dos perras, como en una especie de denuncia policial. De más esta decir quien era el acusado, mire la planilla que confeccionaba aquella especie de fiscal canino y pude advertir escritos que denunciaban falta de interés, falta de tiempo, reducción de los horarios de paseos, espacios prolongados entre comidas y algunas otras cosas más.
Esto es una locura dije, sonreí con una mueca entre cínica y nerviosa, no sabia que hacer o como reaccionar, esto es de una película me dije, y me acorde de la gata, donde esta la gata, ella es testigo de todas estas calumnias, además siempre estará a favor de un humano en una contienda contra su histórico rival, era obvio, ella podría ayudarme con esto. La empecé a buscar por todos lados mientra  otros perros seguían cargando mis cosas al camión de afuera, yo intente pararlos pero otros dos, mas grandes aun,  cumpliendo la función de control, emulando una especie de patovicas, me dejaron en claro sin pronunciar palabra alguna, que ni se me ocurriera interceder. Salgo al patio y ahí estaba, sobre la silla plástica, nos miramos, sus ojos eran fríos, secos.
-Llegas tarde me dice, la gata. Estuve todo el día llamándote desde acá, pero no me oíste.
-Desde cuando hablas, y desde cuando llamas? Porque no me hablaste antes para evitar todo esto, que esta pasando?
-No he hablado por que no tenemos permitido hablar, esta es tu sociedad y no la nuestra. Ellas te han denunciado y ahora se quedaran con todo.
-Que locura es esta por favor, que tienen para decir de mí, que hace años que les doy techo, comida, las cuido y las saco a pasear. Aparte son perros, que les pasa?
-Las cosas cambian, ahora debemos buscar otro lugar donde estar, yo tampoco puedo quedarme, descubrieron mis intentos de advertencia y me juzgan por ellos.
-Esto no puede estar pasando –dije por lo bajo- no puede ser.
-Debes estar mas atento a tus deseos –me dijo el gato- tienes una sola vida y te la pasas haciendo lo que no te gusta, en cambio ellas reclaman todo aquello por lo que viven, eso están haciendo ahora.

Entre nuevamente, ya mas calmo, las mire de reojo buscando un arrepentimiento, un perdón. Sus miradas eran de tristeza, note que no querían que aquello estuviera pasando, pero lo harían de todas maneras. Fui a la pieza y puse algunas cosas en un bolso, una foto de ellas que me estaban desalojando, mire la casa por última vez, cada rincón, recordé vivencias en cada uno de ellos, sentí dolor y tristeza.
Al pasar por su lado, bajaron sus cabezas en señal de respeto, tal como lo hicieron siempre, yo no sabia como reaccionar, solo me agache y las bese suavemente a cada una, mas no como un perdón sino mas bien como aceptando todo, declarándome culpable de manera silenciosa. Mire a un costado, la gata ya caminaba a mi lado, salimos a la calle y nos fuimos sin rumbo fijo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Postales de Ergo Marconi

Ultima parada de Ergo Marconi

Sintió el peso del cielo sobre su cabeza, el día comenzó gris y espeso, amenazante. El agua estaba al caer, estuvo así casi todo el día, eso fue peor que si hubiese llovido. Cuando llueve uno planea el día en función a lo que puede o no hacer, pero cuando esta por llover uno no sabe que es lo que puede hacer o no, la espera se vuelve angustiante, se pasa el tiempo, se dejan cosas sin hacer, se pierden días. Las incertidumbres no son el fuerte de Ergo Marconi y queda más que claro con este ejemplo.
El día ya no es bueno para el, siente malestares, recuerdos inapropiados le invaden la mente y lo entristecen. Ergo mira por la ventana hacia afuera, se siente explotar, decide salir a experimentar el aire y se conecta con el frío mediodía.
Se siente raro, pero no puede explicar o poner en palabras aquel sentir, no puede. Camina por las calles de manera lenta y pausada, observando aquello que nadie mira, un par de perros durmiendo juntos en los pasillos del palacio municipal, un viejo con su mano extendida pidiendo limosna, esforzándose por poner su mejor cara de necesidad, para dar mas pena y así lograr mayor cantidad de monedas en su lata de chapa, que en la antigüedad fue una lata de duraznos al natural.
Ergo Marconi no se encuentra a si mismo, va por las veredas pero no va, ya no sabe ni que hace en estos lugares. Se detiene junto a un árbol de la plaza y mira hacia arriba, aquel cielo siempre amenazante, suponiendo que hoy hubiese sido un buen día para morir.

sábado, 13 de agosto de 2011

Postales de Ergo Marconi

Ergo y el árbol

Se sintió con la necesidad de saludar a un amigo y hacia allí partió Ergo Marconi, hacia su infancia. Ya no transita mucho aquellos lugares, aquel barrio de su querida ciudad,  pero aquel amigo aun vive por esas calles, tan suyas de madrugada, tan calidas en horas de siestas veraniegas de antaño. Eran calles de tierra, polvorientas y magníficamente preparadas para los espectáculos futboleros, un par de cascotes o alguna campera que emulaban ser los postes de un arco, una pelota cualquiera (a veces algún papa se jugaba y conseguíamos una buena, de cuero) y se rociaba la cuadra de magia, tacos y malabares. Claro esta que a las vecinas no les gustaba nada aquello, temiendo alguna rotura de vidrio o rezongando por la polvareda que se levantaba cuando algún cruce de piernas se daba violentamente.
Lo cierto es que ahora en esas calles hay asfalto, los veranos se mitigan con aire acondicionado y toda la mística que Ergo Marconi recuerda mientras maneja su coche ya no existe, no existe en la realidad claro, mas nunca dejara de habitar en su recuerdo y el de cada uno de los chicos que compartían aquellas siestas interminables. Ergo recuerda las vacaciones de verano, como puede ser que tres meses parecían una eternidad, se ríe por dentro, pensar que ahora solo tiene libre un par de semanas al año, que por otro lado se le pasan como una brisa de otoño.
Al llegar pasa por el frente de su antigua casa y siente la necesidad de frenar, siempre desde dentro del auto mira aquella portada, una casa sencilla de plan de vivienda, la fachada no era la misma, le cambiaron la ventana por una mas amplia y la pintaron de un color que a su madre no le hubiese gustado nada, tiene rejas, muchas rejas. A la vista ya no le parecía su casa, aquella en la que vivió casi 20 años. De pronto siente una presencia , le corre un calor por su espalda como cuando uno se encuentra con alguien que hace mucho no ve, hace foco con su mirada unos ocho metros hacia delante y lo ve, firme como siempre, un poco deshojado debido a la época del año,  estamos en pleno invierno. Era un árbol de Acacia bola de copa bien grande  y elevada,  el es el que ha estado aquí todo este tiempo que yo no estuve –pensó Ergo Marconi- el es el vigía de la casa, el sabe todo lo que paso y pasa por estos lados, el me ha visto salir  mil mañanas hacia la escuela, el se nos ha ofrecido siempre de una manera generosa como parte de un arco de futbol, para que podamos jugar un 25 o alguna aguerrida final en definición por penales.
Emocionado Ergo bajo del auto y se acerco al árbol, -Tendría que haberle puesto un nombre pensó-  le temblaban las piernas como cuando esta uno frente  a alguien sin saber que decirle, como queriéndose disculpar de algo que ni siquiera sabe si es culpable, temía que se le escapara una lagrima, se reprimió el deseo de abrazarlo, se sintió observado, quizá algunos vecinos lo estuvieran campaneando desde alguna ventana, esto era muy común en el barrio, al menos en su recuerdo. Quería compartir tiempo con el pero sus estructuras no se lo permitían, entonces fue hasta el auto y levanto el capot en seña de que algo funcionaba mal, saco un cigarro y simulo un descontento por la avería del vehiculo, prendió el cigarro y se apoyo sobre la Acacia, se sintieron nuevamente, el le trasmitió cuanto lo había extrañado y le agradeció por los recuerdos, el árbol nada hubo dicho, solo siguió en su lugar, viendo a Ergo Marconi una ves mas fingiendo sus encuadres, buscando una forma camuflada que lo haga sentir lo que  en realidad necesita. Allí estuvieron al menos veinte minutos, Ergo bajo el capot y arranco lentamente, como aquel que se va de donde no quiere irse, el árbol se quedo mirando, inmutable, la pasividad de la cuadra.

domingo, 7 de agosto de 2011

Postales de Ergo Marconi

De Domingos Tristes

Esta mas que claro que los domingos suelen estar regados de ciertas tristezas, una vez alguien me dijo que estaba científicamente comprobado que, entre las 19 y las 22 hs de los domingos era cuando mas gente moría de fallas cardiacas, será por el peso de un nuevo lunes que se avecina, no lo se. Yo he repetido varias veces este comentario aun sin saber si es cierto o no, por lo que estimo que hay mucha gente que sabe de esto que estoy diciendo, pero lo que no sabe al igual que yo, es si es verdadero, si alguien alguna ves, mas precisamente algún científico estudio y plasmo estadísticamente el evento. Lo cierto es que al darle palabra ya tomo cierta veracidad que va a ser difícil de discutir, o al menos abra que buscar algún argumento para poder hacerlo.
Pero lo que si es cierto, para Ergo Marconi al menos, es que los domingos no son de los días más felices, si es que hay días felices claro. Ergo Marconi cree en la felicidad pero la asemeja a las estrellas fugaces, como destellos que suceden en distintos momentos, y no como una sucesión de tiempo en la cual uno se sienta feliz. Precisamente los domingos de Ergo Marconi carecen de todo tipo de destellos, huelen a humedad y recuerdos, se siente en el aire de su casa esa tristeza de domingo, de escenarios vacíos, de meceros baldeando el piso al final de una jornada.
Sus ojos son melancólicos, dulces y adoloridos. Ergo Marconi transcurre sus días sin grandes dolores, y sin grandes alegrías. Piensa, lee y disfruta de cosas sencillas. Busca incansablemente ganarle a las formas, muy pocas veces lo logra, pero no deja por ello de intentarlo. Para Ergo Marconi la vida pasa por desarmar lo armado, desarmarse, volverse a armar, lo intenta una y otra vez, se frustra, llora, y vuelve a empezar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Postales de Ergo Marconi

Desesperanzas Matinales

Suena el reloj y por la cabeza de Ergo Marconi se proyecta la película del transcurrir del día, sabe todo lo que tiene que hacer, también sabe como hacerlo, el tiempo y la repetición se lo han enseñado. La cabeza le explota en imágenes superpuestas, luces y sonidos que lo ciegan y le perforan los oídos, miles de bocas le hablan, sin cuerpo, solo bocas desconocidas. Toda esa mezcla lo lleva al final del día y se ve nuevamente recostado donde lo esta ahora, pero con mayor cansancio que el que siente. En ese mismo momento ya empieza a sentir y sufrir el cansancio físico, la migraña puntillosa como un martillo que lentamente va ahuecando los sentidos, se inclina y apaga el despertador, nada a pasado aun pero ya sabe todo lo que esta por pasar, paso por paso, es como sentir a la muerte robándole cada instante y burlándose de el por no poder hacer nada al respecto.
Seguido a tremendo pesar en ayunas, nada puede ser peor para Ergo Marconi, que ir al encuentro de aquello que ya presintió al despertar, y finalmente transcurrirlo, desenrollarlo como un gato lo hace con un ovillo de lana, hasta ver las dos puntas libres, para sentir la sensación de que finalmente el día es suyo, lo hizo propio al caminarlo, de ese andar siempre logra espacios de luz, momentos de plenitud, y es por eso que no ha dejado de transitarlos, es por eso que cada mañana al son del despertador, decide una y otra ves, ponerse a andar, sabiendo todo aquello que sabe, y que no puede modificar.