lunes, 14 de marzo de 2011

Un dia mas

Saludo al guardia de la puerta y entro como casi todos los días –guardia hereje si los hay, sereno de una puerta directa al pecado- sabia su nombre pero ese día solo le dio la mano sin pronunciar palabra.
Su lugar de siempre estaba ocupado, pareció no molestarle asíque fue a sentarse en un sillón de cuerina gastada por el rose barato. Había un olor hediondo, pero familiar, mezcla de perfumes rancios y productos de limpieza de una marca bien berreta,  pero ese olor lo hizo sonreír al acordarse de las palabras de su amigo el Turco cada ves que cruzaban la puerta de entrada, ponía un pie adentro del bolichon, aspiraba profundo y chantaba la frase “ Que hermoso olor a Puta”
El lugar ya había cambiado varias veces de dueños y de nombres, pero el grupo de amigos nunca dejo de ir. Actualmente lo había comprado un tal Jiménez que era de Tandil y bautizaron el lugar “La Diabla”. A Carlos poco le importaba el dueño, el nombre de ocasión y hasta inclusive la presencia de sus amigos, el solo seguía yendo por una sola razón, estaba enamorado, perdidamente.
Pidió un Whisky y se sentó a esperar, siempre que hacia lo mismo al rato aparecía ella, a el le gustaba pensar que había algo, una especie de comunicación telepática que los unía y que ella notaba su presencia en el lugar,  aunque seguramente alguien le avisaría que el había llegado y por eso ella salía a su encuentro, siempre que podía claro, no nos olvidemos que era su lugar de trabajo, y si bien salir al encuentro de los clientes era precisamente su trabajo, no siempre estaba desocupada, el lo sabia y lo aceptaba, a medias claro, pero era algo que ya habían hablado y por ahora no podía cambiar.
Pasaron uno veinte minutos, Carlos ya había hecho señas para que le acercaran otro trago, apoyo un pie en una mesita ratona que estaba junto al sillón, negra y toda rallada, tenia algunas inscripciones y restos de otras vasos, la otra parte del paisaje es muy similar a todos los lugares como este, poca luz, decorados oscuros, olores raros, en fin nada en lo que valga la pena detenerse. De pronto desde un pasillo se abre una puerta y se escapa un haz de luz que dibuja una figura femenina, sus pasos pintaban su andar en el aire, sus piernas eran largas y era poseedora de una belleza agresiva, poco común. Se acerco a Carlos que la contemplaba con ojos fraternales, indisimulada muestra de cariño brotándole por todas las expresiones de su rostro, se saludaron y  reino el silencio. Siempre los primeros instantes juntos eran silenciosos, tristes, como si a el le costara toda esa mierda, quería agarrarle un brazo y salir de ese cabaret de mierda, darle una mejor vida, luego reflexionaba y sabia que no tenia mucho para dar, se serenaba y la miraba a los ojos, ella le sonreía y preguntaba cualquier cosa para arrancar, al rato ya todo era como siempre, cruce de copas, alegría y seducción, y sobre el ocaso de la noche brotaba nuevamente la tristeza, el vacío, el adiós.
Antes al menos se iba con sus amigos, ahora ya no lo acompañaban – has perdido la cabeza Carlos, le decían, esto te va a joder la vida-. Y así fue como pasó, Carlos no lo aguanto mas, ya había perdido su familia, sus amigos, sus noches, ya no le quedaba más que una sonrisa de alguien que no lo amaba, sus días eran solo una excusa para esperar la noche y con ella, a aquella mujer que le había robado todo, hasta sus deseos de vivir.
Aquella noche Carlos no fue al encuentro de Johana, en el lugar nadie lo noto, ni ella pregunto por el ya que tuvo una noche complicada, era viernes  y el lugar estaba lleno de clientes.

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