viernes, 20 de mayo de 2011

Despertares

La mañana se tornaba agradable, soleada y fresca, como casi todas las mañanas otoñales por estos lados del mundo. Ya levantado caminó hasta la cocina y cumplió al pie de la letra con los rituales que son tan suyos, encendió la hornalla, no cualquiera sino la del fondo a la izquierda, como todas las mañanas, y puso la pava arriba pero no toda, solo la mitad para que el agua se valla calentando lentamente mientras se ducha, no sin antes abrir la puerta que da al patio para que la perra haga sus necesidades, si no es que las soltó antes, durante la noche.
Hay cosas que no son fijas, por ejemplo el ritual de la radio, hay días que la escucha y días que no, no depende de nada en particular, solo ocurre, no importa si el día esta nublado o si llueve, solo ocurre.
Luego del agua caliente que lo reconforta, se dirige a su habitación y selecciona prolijamente la ropa que va a utilizar en aquel día, esto si parece tener premeditación ya que no agarra prendas al azar sino que elije cuidadosamente aquello con lo que se presentaría al mundo cada nueva mañana.
Luego le siguen a la rutina matinal los mates amargos, tal como los aprendió a tomar con su abuelo primero y con su padre después, con este ultimo no tanto ya que no tuvieron una buena relación, nada fuera de lo común entre un padre y un hijo, mas por aquellos años en donde los padres tenían una especie de trabajo alternativo en los hogares, que era pasar a ser aquel que venia a regañar a los menores por todo lo que estos hicieron durante el día, con una delatora cómplice disfrazada bajo el manto tierno de madre.
El tenia un trabajo normal, como cualquier otro salvo con algunas particularidades que, si las pienso bien no se si las particularidades son del trabajo o son propias de el, como tantas otras. Era chofer de una ambulancia de servicios de emergencia, ese era su trabajo y el estaba bastante a gusto con el empleo, solía contar que en cierta manera ellos eran amigos íntimos de la muerte, ya que siempre andaban tras ella, tratando de ganarle cada batalla, intentando robarle cada suspiro de vida que podían. Tenia algunas anécdotas interesantes que le gustaba contar en las reuniones de amigos, que eran bastante escalofriantes por cierto aunque nunca sabremos si son ciertas o no, aunque técnicamente podría asegurarse su veracidad debido a la infinidad de veces que las relato generando así que todo aquel que lo escuchaba se las terminara creyendo.
Entraba a los ocho de la mañana pero a el le gustaba salir con tiempo, por cualquier eventualidad que pudiera ocurrir, -uno nunca sabe lo que puede pasar- decía y con razón teniendo en cuenta las cosas que le pueden ocurrir a uno simplemente por caminar en una calle, y así transcurrían sus días, entre mañanas calcadas y días agobiantes de trabajo comunitario y sacrificado. Las noches eran su remanso, donde conectaba sus sutilezas al mundo de la música y la lectura, se dejaba llevar por sus deseos y lograba entender que algo de bueno tenia el estar vivo, no todo era tan malo, siempre que no apareciera aquella compañera lúgubre que tantas noches le hizo sufrir, aquella mujer incompleta, de osamenta hiriente y mirada apagada, el suponía o mas bien fantaseaba con que ese personaje era mujer, quizás para llenar aquel espacio vacío en su cuarto, cada noche, cada mañana, cada día de su vida. Tampoco había logrado descifrar hasta aquella noche, luego de una mañana como tantas otras y un día intenso de trabajo, quien era o que representaba aquella figura, que le venia a decir a el, justamente a el que no se metía con nadie. Arto de sentirse perseguido por aquella extraña sensación, se tomo la pastilla que tenia al lado del velador para poder dormir, y se dejo llevar a lo mas profundo de sus sueños.
La mañana siguiente le pareció levemente distinta, el reloj sonó a la misma hora de siempre, pero a su derecha alguien ocupaba aquel espacio que había permanecido tantos años vacío y frío, la miro asombrado, si era ella, Marcela, no había dudas, era su mujer que había fallecido 12 años antes. Esa mañana no quiso trabajar, ni tomar mates, ni se acordó de la perra y sus necesidades, solo se dio vuelta y abraso muy fuerte a su amada, pensó que seria muy lindo dormir hasta el medio día,  luego despertar juntos y charlar, hacer el amor, ser felices.


2 comentarios:

  1. "(...)aquella mujer incompleta, de osamenta hiriente y mirada apagada"_ me llevo esta imàgen!_ "despertar juntos y charlar, hacer el amor, ser felices."_ da vida, da vida_ me encantò amigo.. me tendràs seguido por estos lares que re-crean la existencia_con arte.. cariños.. ah.. soy Natalia..

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  2. Seras siempre bienvenida, estoy esperando la direccion de tu Blogg!!

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