viernes, 22 de abril de 2011

Telarañas

Ocurrieron varias cosas ese día, así que decidí ir a visitar a Daniel, los encuentros con el son siempre muy particulares, el es un ser particular. Hacia mucho que no lo visitaba en su casa, últimamente nuestros encuentros ocurrían entre semana, en su lugar de trabajo o acordábamos para vernos en mi casa, pero ese día tuve ganas de volver a aquel lugar, que como no podía ser de otra manera esta regado de la misma particularidad que su morador, mucho desorden, libros y cuadros por donde quieras mirar, muy poca tecnología (solo una radio vieja) y un espíritu campestre que reina en el aire, gauchesco, solitario.
Ni bien nos saludamos fuimos a recorrer la parte de atrás del rancho (así la llama el a su casa) para ver los animales, algunos gallos nuevos que me presenta emocionado y me explica la procedencia genealógica de los mismos, detalle no menos para un gallero ya que la sangre de aquellos animales de combate es una garantía del coraje o la cobardía de los gladiadores emplumados. También recorrimos la parte de la siembra donde me señalo unos zapallos de tronco ya bastante crecidos y unas frutillas que estaban costando prender pero que el no perdía las esperanzas.
Después de la recorrida nos fuimos al interior de la casa a tomar unos mates, iniciamos la rutina de preguntas de rigor, trabajo, familia (esta ultima bastante corta ya que coincidimos en gran parte de los familiares) y algunas cosas mas, después y como siempre, la charla tomo matices mas interesantes, Daniel me lee algunas cosas que escribió últimamente las cuales me gustaron mucho, se lo hice saber y el me comenta que últimamente  piensa que “el escribir” se volvió la tarea mas importante de su vida, siente en ella la mejor forma de identificarse, lo apasiona y es con lo que pinta de sentido la vida. El es un excelente pintor, pero a diferencia de los cuadros, dice, la escritura va mostrando los cambios permanentes de animo en el, un cuadro solo muestra un momento determinado, que queda inmortalizado en la tela, y el cual el no sabe bien si podrá volverlo a interpretar como al inicio, ya que su estado ya no va a ser el mismo nunca mas, por eso me lee lo que escribe, porque dice que para el eso es mas importante aun que charlar con el, por que en aquellas palabras el deja la mayor expresión de lo que es, de su sentir, porque lo hace con el corazón, en ellas encuentra la libertad de expresar lo que su cuerpo es incapaz de hacer. Varias veces hablamos de ser flexibles como una rama, que se deja manipular por los vientos, entiéndase que la contra cara es ser un tronco rígido y fuerte, características que lo pueden llevar a quebrarse y ceder por su incapacidad a adaptarse a las circunstancias, siempre me gusto ese ejemplo, quizás porque de cierta manera me veo también reflejado.
Estábamos en esos andares cuando llegan unos amigos de el,  la situación fue muy rara ya que sentí que los atendió con desgano, haciendo todo lo posible para que se fueran rápido, como queriendo cuidar y preservar aquel espacio que se había logrado, esa vibración en el ambiente que un ajeno, o aquellos ajenos, no podrían compartir.  Luego de un tiempo corto se retiraron y volvimos  a los mates, la charla se aterrizo un poco, por eso y debido a la confianza que hay entre nosotros le digo mirando hacia un rincón a lo alto del techo – Podrías limpiar esas telarañas de allá, se te va a caer una araña en la cabeza cuando estés durmiendo-  El sonrío y me pregunto si me acordaba de alguien, era una mujer que el quiso mucho hace un tiempo atrás, le respondí que si y entonces me explica que esas arañas están ahí desde que esa mujer compartía aquella casa con el, y por eso no podía sacarlas, porque al mirarlas la recordaba a ella y todo lo que habían vivido juntos en ese espacio, era lo único terrenal que lo conectaba con aquellos recuerdos. Note sus ojos húmedos por el relato, a mi se me anudo la garganta y mi corazón lloro en silencio (como un tronco) y pensé – Ojala yo también pueda sentir el amor de esa manera-
Después de unos  mates más me retire, no sin antes repasar con una mirada cómplice  aquel rincón, quizás el más importante de la casa para aquel hombre, quizás el único rincón.

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